UN RETOÑO SALDRÁ DE SUS RAICES…UNA VARA SALDRÁ DEL TRONCO…
© Verónica Pérez
La esperanza no muere, la esperanza cada día se renueva y se revitaliza, la esperanza vive y sirve para hacernos vivir, para actuar y poner en práctica lo que Dios nos ha dado.
Tengo un pequeño jardín frente a mi casa justo en el lugar del garaje, en el tengo varias plantitas de flores, entre ellas tengo rosales, que dan rosas en manojos muy pequeñas llamadas rosas bebe, las cuales son muy rojas, otra da rosas de un color naranja, otro da rosas de color vino, otro más da rosas de un amarillo intenso, y la ultima da rosas de un color tornasol, primero es un color amarillo muy bajito, luego a medida que el botón se va a abriendo cambia de color, hasta quedar de un color rosado muy lindo.
Pero cada año aparecen los hormigones rojos, hormigas grandes, zompopos, y en una noche, se comen todo mi jardín, principalmente todos mis rosales. Sufro por mis rosas y porque me debato entre si ponerles veneno o no a los hormigones, entre si alejarlos o dejarlos que sequen mis rosales.
Y es grande mi admiración porque de los rosales solo quedan las ramas, peladas, y a punto de secarse. Sin embargo, no pierdo la esperanza de verlas florecer de nuevo y lo único que puedo hacer es abonarla tierra donde están sembradas, regarlas, hablarles y decirles que no se mueran, que vuelvan a dar rosas, para que me alegren y alegren mi jardín. Y ellas vuelven, de a poquito, vienen ahí tercas, tenaces, salen los brotes, los retoñitos, los botones y al fin las hermosas rosas adornando mi jardín.
Mientras las raíces estén aferradas a la tierra, ésta les proveeré vida y los nutrientes necesarios para que vuelvan a crecer. Y los vecinos y las personas que pasan siguen admirando mi pequeño jardín.
Así es la esperanza puesta en Dios. Aferrarnos a Dios como las rosas se aferran a la tierra, confiar en que El hará salir del tronco un vástago y ese retoño crecerá, será grande, para impartir justicia, para brindar paz y armonía a la humanidad que clama por la justicia de Dios y su misericordia para este mundo convulsionado, en crisis.
Que nuestra fe y esperanza también sea terca, sea tenaz y de retoños que broten a la vida para la vida.
Que nuestro actuar sea terco, sea tenaz. Que en la práctica de la vida cotidiana, la luz de Dios brille en nosotros y nosotras, para que también podamos dar de esa luz a todos y todas aquellas personas que la necesitan y han dejado morir la esperanza.